•  
  •  
La técnica del cuero a través del tiempo

La técnica del cuero a través del tiempo

La historia nos dice que desde tiempos remotos el hombre se ha preocupado en aprovechar las pieles de los animales que cazaba, y más tarde los que constituyeron sus primeros rebaños.

Podemos decir que las técnicas de curtir fue uno de los primeros descubrimientos realizados por nuestro homo sapiens.

Se decía que el primer curtidor fue nuestro padre Adán y que los primeros cueros que se curtieron fueron de cabra.

Dicen las Sagradas Escrituras que Adán, fue creado a imagen de Dios y dotado de una sabiduría y entendimiento incomparables, con conocimientos de las más nobles artes y oficios necesarios para la vida, y que después del pecado original no fue privado de esa ciencia.

Aprendió a transformar el cuero y convertirlo en vestidos y calzado, transmitiendo esas enseñanzas a sus hijos y nietos.

De esta manera nacieron los primeros curtidores, zapateros, talabarteros, guarnicioneros y peleteros, tan indispensables en aquellos tiempos como en los actuales.

Desde entonces, el hombre aprovecha las pieles de los animales que en el principio de los tiempos cazaba para alimentarse. Al utilizar el cuero, experimentó  con diversos procesos de transformación. Esto sucedía en todos los continentes, y en la mayoría de los casos sin aparente relación entre ellos.

Con el descubrimiento de América, los conquistadores  comprobaron que los indígenas empleaban técnicas para la transformación del cuero, no muy diferentes a las artes de curtición del viejo mundo.

Es muy posible que los primitivos pueblos mongoles, desde Siberia, llegaron a nuestro continente a través del Estrecho de Bering, y emplearon las artes del curtido, que luego se extendieron por todo el continente americano.

En las cuevas del Secaus (Teruel) España, se encuentran pinturas realizadas hace unos 20.000 años, que representan mujeres vestidas con chaquetas y faldas de pieles y cazadores  que llevan botas altas y pantalones de piel. El hombre ya era muy diestro y podía enfrentarse con animales de gran tamaño. Una de sus primeras armas estaba construida con la mitad de la mandíbula inferior de un oso de las cavernas, provista de un poderoso colmillo, atada a un palo de madera con tripas de animales recién cazados. Al secarse la tripa, la mandíbula y el palo se convertían en una unidad inseparable.

Polydoro Virgilio cuenta que la lira fue descubierta por Mercurio, el egipcio, cuando paseando por las orillas del Nilo, encontró en la arena una tortuga comida por insectos, con excepción de sus nervios y tendones. Al levantarlos y tocar esos tendones secos, se produjo un sonido puro y lleno. Imitando este modelo, construyó una caja de resonancia en la que colocó al principio unos hilos de tendones, que le sirvieron para improvisar sonidos. Fue el origen de las cuerdas que aún ahora se utilizan en instrumentos musicales y que están hechas con tripa.

También el empleo del pergamino es de muy antigua data. Algunos suponen, y de ahí su nombre, que tiene su origen en Pérgamo, la famosa capital de Misia y lugar de nacimiento del viejo Hipócrates.

El rey Atalo y sus dos hijos Erimenes y Atalo querían formar una gran biblioteca en Pérgamo. Pero Tolomeo, rey de los egipcios, por envidia no les quiso proporcionar papel de papiro, para disfrutar él solo de la fama de su biblioteca en Alejandría. Ante esta difícil situación se esforzó Atalo en encontrar la forma de curtir pieles de becerro, oveja y CABRA, para escribir en ellas.

En Fulgosio, libro 8, capítulo 7, dice: “También en Atenas había un curtidor llamado Simón a cuyo taller iba a menudo el sabio Sócrates para conversar con él de forma amistosa sobre muchas cuestiones filosóficas”.

Para los curtidores y miembros del gremio, representa el más alto honor lo escrito al final del capítulo IX de los Hechos de los Apóstoles cuando dice que el santo y apóstol Pedro vivió muchos días en la ciudad de Joppe en casa de un hombre llamado Simón, que era curtidor.

De Egipto proceden los cueros y objetos de cuero más antiguos. En los sepulcros se conservaron muchos objetos de este material.

De cuero eran las faldillas y taparrabos, las sandalias, los recipientes para el agua, leche y vino, el flotador de las balsas, los fuelles. Con cuero recubrían las ruedas de madera de las carrozas reales, se hacían los cinturones, los brazaletes protectores, los porta     flechas, los mantos de ceremonia de los sacerdotes, las vestiduras festivas de los reyes, en diversos colores y recubierto de oro de las más variadas formas.

Estas historias nos recuerdan la importancia que tuvo y sigue teniendo el curtido de pieles, pero lo importante de destacar es que los primeros cueros utilizados por el hombre fueron de cabra.

El cuero curtido más antiguo curtido hace más de 5000 años, lo encontró un italiano de nombre Schiaparelli. En las excavaciones realizadas en Ghebelén (Alto Egipto), encontró un auténtico taller de curtición en el que se hallaban trozos de piel, cueros medio terminados y utensilios de trabajo, así como también vainas de acacia nilotica, de donde se obtenía el curtiente para el procesamiento de los cueros. Su análisis dio todavía un 31% de curtiente. En el museo de Boston (Massachussets), se encuentra una capa egipcia de ceremonia, de unos 3000 años de antigüedad, hecha de piel de gacela curtida, muy suave y flexible. Es muy posible que se empleara una curtición combinada con grasa y alumbre muy semejante a la más tarde conocida con el nombre de curtición glasé.

Fray Bartolomé de las Casas, a mediados del Siglo XVI viajó por variadas regiones del Centro y Sur de América, y le sorprendió la habilidad que tenían los aborígenes para fabricar un cuero fino, que le parecían mejores que los que entonces se hacían en Castilla. En México encontró curtidores indios que hacían cuero de un blanco puro, rojos y pardos, de tal suavidad que con ellos confeccionaban guantes.

En Argentina, aparecen primero los saladeros de cueros que se exportaban y en 1778 se registran las dos primeras curtiembres que estaban a cargo de don Juan Bautista Terrada y Valerio Barreda, según consta en informaciones obtenidas del libro “Las Industrias del Cuero en la República Argentina” de Félix de Ugarteche.

Posteriormente aparecen unos franceses radicados en Tucumán, curtiendo cueros a la cal en las Barracas instaladas en las bandas del Salí y en el manantial de Marlopa.

En 1871 en la Exposición de la Industria Nacional, realizada en Córdoba, por don Domingo Faustino Sarmiento, se presentan importantes trabajos que demostraban el avance alcanzado por la industria curtidora.

En 1878, en la Exposición Universal de París, la industria curtidora Argentina, presenta finos trabajos de curtido, haciendo gala de las depuradas técnicas empleadas.

Con la incorporación de maquinarias para el procesamiento de división de cueros, palizones y fulones, más nuevos productos de curtición, como por ejemplo las sales de cromo y  nuevos curtientes vegetales permitieron un avance sustancial en las técnicas de curtido.

Para terminar, haré referencia a la historia de dos aldeanos muy pobres, a quienes se les murió el padre y fueron al pope a encargar el entierro. El pope les dijo: Traed antes, vuestros rublos. Como no tenían un solo copec, los dos hermanos decidieron enterrar ellos mismos a su padre junto al muro del cementerio. Cogieron unas palas y se pusieron a trabajar. Todavía no habían cavado mucho cuando se encontraron con una arca llena de rublos de plata. Uno de los hermanos cogió un rublo del arca y se fue a ver al pope. Este quiso saber, como es natural, de donde venía aquel dinero, y puesto que el pobre aldeano empezó a tartamudear, pronto adivinó el pope lo que había pasado.

Como se figuraba que los pobres diablos no se dejarían arrebatar su tesoro, ideó un plan. Mató un macho cabrío que tenía el Sacristán, le quitó la piel con los cuernos y se cubrió con ella. Por la noche se presentó a los dos pobres huérfanos como un fantasma con cuernos y con voz espantosa les exigió el dinero que solo a él pertenecía. Los dos hermanos se quedaron aterrados, pero como sobre la estufa estaba el dinero en un gran saco, el pope lo cogió y se marchó con él.

Cuando el pope llegó a casa, quiso quitarse el traje de fantasma, pero vio con desesperación que se había vuelto tan duro como el cuerno y no podía separarlo de su cuerpo ni una pulgada. El pope se puso a maldecir a grandes voces, pues vestido de diablo no podía ir a la iglesia.

Por fin se fue a ver al sacristán y éste, aunque recibió un susto terrible, reconoció la piel y los cuernos de su macho cabrío. Entonces llamó a su mujer que sabía algo de hechicería y ella aconsejó al pope que se dejara quitar la piel recibiendo una paliza con mimbres verdes.

El pope no quería consentirlo pero finalmente cedió. El sacristán y su mujer cortaron unos trescientos mimbres y le zurraron la badana con tanta fuerza, que tanto el pope como los mimbres quedaron deshechos. Entretanto la piel que le cubría se había vuelto blanda y flexible y se la pudieron quitar como un guante. Después de todo esto el Sacristán y el pope se repartieron el tesoro y el difunto pudo recibir cristiana sepultura.